3 razones para celebrar la Asunción de María
Por: Sor Gloriana Cordero Solórzano
Tiempo de lectura: 4 minutos

La Asunción de María es la fiesta Patronal de las Oblatas al Divino Amor, ¿sabes por qué?

Te lo explico en dos razones… ¡y una tercera para que también tú, la celebres con más alegría!

La plenitud de su oblación

Para nadie es un secreto que María fue una Oblata durante toda su vida, es decir, vivió en un continuo ofrecimiento de sí misma, con sus alegrías y tristezas, gozos y dolores, sin embargo, hubo un momento culmen en su Oblación: La Asunción, allí realizó la plenitud de su ofrecimiento de Amor a Dios.
No hubo otro momento en el que María se ofreciera de manera tan plena, como cuando su mismo Hijo decide llevársela… ¡toda! ¡En alma y cuerpo! Para morar eternamente con Él, en el cielo. Interesante:… ¡las únicas 2 personas que están en el cielo con su cuerpo y su alma son Jesús y María!

"Madre del Bello Amor"

Bajo este hermoso título la invocamos, la llamamos, le suplicamos que nos alcance de su Hijo una gracia muy concreta: vivir y morir en un acto de puro Amor… ¡como ella lo hizo! ¡Como su Hijo! !Si llegaste a leer hasta aquí devuélvete y medita unos segundos en esta gracia que siempre le pedimos, y a veces la hacemos de forma automática!
Ahora sí… en esta fiesta renovemos conscientemente esta petición: Tú, que viviste una plenitud de ofrecimiento por Amor, tú que viviste todo en Amor, los sufrimientos, los gozos y las incertidumbres CON AMOR, alcánzame la gracia también, de poder vivir así, únicamente de Amor, en Amor y por Amor, que “sea nuestra vida, nuestro palpitar, nuestro respiro” (Madre Margarita Diomira Crispi), para luego como tú, morir en una consumación del acto de Amor.

Prototipo, adelanto y esperanza...

María es la primera en todo (prototipo): de Iglesia, de creyente, de Madre, de hija, de esposa, de mujer, María es a quien debemos mirar si no sabemos qué hacer.
Adelanto y esperanza: “La Madre de Jesús, de la misma manera que, glorificada ya en los cielos en cuerpo y en alma, es imagen y principio de la Iglesia, que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura, así en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor” (Lumen Gentium 68).
 
 
¡Que en esta fiesta contemplemos su llegada al cielo, el gozo de los ángeles, la alegría de su Hijo al entrar con ella, la sonrisa en el rostro del Padre y el fuego del Espíritu, y que esto nos encienda en Amor para vivir y morir de él!

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